Pádel Desnudo

Desnudo SeventySix 76

Ayer tuvimos la suerte, o mejor dicho la oportunidad, de conocer a uno de los jugadores más importantes del panorama actual del pádel profesional. Alto y fornido, era para nosotros una de las referencias de este deporte. Casi un mito. Y sin embargo, una vez más, conocer a un ídolo, un mito o una figura, como se le quiera definir, hacen que el pedestal en el que muchos le teníamos subido se derrumbara como un castillo de arena y dejara al descubierto a una persona displicente, chulesca, irrespetuosa. Sin duda dejaba al descubierto las carencias que cualquiera tenemos pero multiplicándolas por el éxito de segunda fila obtenido a base de bandejas y globos.

Más allá de la falta de educación o de las miradas por encima del hombro, las únicas que se dignó a dirigirnos, su complejo de inferioridad le llevaba al ridículo absoluto con bromas a destiempo y una ausencia absoluta de clase. Todo muy alejado de la sonrisa abierta con la que posa, pala en ristre, en las fotos que le hace la marca que le patrocina por cuatro duros y para la que saca su fachada más mentirosa. Una pose, nunca mejor dicho.

Curiosamente, se interesó en nosotros cuando uno de los acólitos le comentó que éramos de SeventySix, y dejó enseguida claro lo que le pagaba la marca que ahora le patrocinaba y que estaba descontento y quería cambiar a mejor. Afortunadamente, no es el jugador con el que SeventySix se identifica. 

Por el contrario, hace unos años tuve la ocasión de conocer a uno de los que ahora son grandes en el pádel, quizá de los más grandes. Más que el anterior sin duda. Por aquel entonces no era sino un profesor de pádel que aspiraba a ganar algún torneo local y, quizá, llegar al circuito del WPT. Carismático y humilde, no le faltaba el buen humor y una broma a tiempo. Educado y respetuoso, no distinguía entre una persona u otra, a todos trataba por igual.

Hace un par de meses volví a coincidir con él y se dirigió a mí en el mismo tono de siempre: “¿Cómo te va? Estás más viejo, capullo….¿cuándo tomamos una cerveza?”. Me sorprendió porque pensé que no se acordaría de mí, menos ahora que era una estrella del pádel. Le felicité por sus éxitos, le recordé que él estaba más mayor que yo, rememoramos alguna anécdota compartida en el pasado y quedamos en vernos pronto. Un amigo que sabe gestionar el éxito, pensé.

Apenas dos días después me llamó y quedamos a tomar algo. Fue agradable, sincero, simpático y no consintió hablar de pádel, más allá de “aventuras” en los torneos. Un tío de los pies a la cabeza. Un caballero, un amigo. 

Conocer a los mitos, dicen, los humaniza y los convierte, a los ojos del admirador, en una simple persona más que tan sólo destaca en alguna faceta de la vida. Al final, el éxito y el fracaso desenmascaran las verdaderas personalidades de cada uno, y si al primero el éxito le ha llevado a la más absoluta gilipollez, al segundo lo ha fortalecido en lo que ya era: una persona maravillosa, un tío de los pies a la cabeza, un grande.

SeventySix 76/ “Padel & Quality”